La vivienda turística se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza. Mallorca está viviendo una convulsa transformación y esta temporada promete ser la prueba de fuego que demostrará si realmente la Isla ha llegado a la saturación. Ibiza es todo un referente, con verdaderos dramas de residentes que se ven incapaces de encontrar un techo de alquiler entre los meses de mayo a octubre.

De momento, los residentes en el Casco Antiguo de Palma son los primeros en notar la oleada de visitantes que escogen el piso turístico. Según Miquel Ferrer, propietario de la librería Rata Market (ubicado en la calle Hostals), “hemos notado un cambio. Resido en la calle Sol y veo el cambio como residente y como propietario de un negocio. Es diferente, pero no sé si es mejor o peor”, explica Ferrer, que añade que “Cada vez hay menos vecinos de todo el año y más temporales. Creemos en este barrio y queremos que sea una librería de barrio, no turística”. Admite que el cierre de comercios, como la vecina Casa Roca, es un efecto más de la gentrificación que esta viviendo el Casco Antiguo de Palma. “Ahora tenemos al lado una tienda de alquiler de vespas”, una oferta que “no está dirigida a los vecinos”.

Ángela Amer hace poco más de un año que se ha trasladado al mismo centro de Palma y está viendo la rápida transformación de la ciudad. Mientras hablamos, turistas con maletas (y el característico traqueteo de las ruedas contra el adoquinado) se dirigen a sus viviendas turísticas. “Se ha notado la rehabilitación del Casco Antiguo, pero se pierde la esencia. En Palma siempre ha habido mucho turismo pero ahora empieza a ser molesto el ruido de esta plaza. Aquí antes había una ferretería y ahora son todo terrazas…”, dice esta vecina de la Plaça d’en Coll. Ella paga 750 euros por un dúplex de dos plantas y se sabe afortunada porque “mucha gente no encuentra piso. Ahora lo pones a 1.000 euros y hay lista de espera. La gente compra pisos para invertir. En Airbnb se sacan 600 euros a la semana”, se lamenta.

Gabriel Barceló, Conseller de Turisme Balear

MALLORCA CUENTA EN LA ACTUALIDAD CON 70.000 PLAZAS TURÍSTICAS DADAS DE ALTA EN EL REGISTRO DE VIVIENDAS TURÍSTICAS AUNQUE  PODRÍA HABER ENTRE 100.000 Y 120.000 PLAZAS FUERA DE LA LEGALIDAD.

La rápida transformación de vivienda de todo el año a piso turístico ha sido bastante súbito. Según el conseller de Turisme balear, Gabriel Barceló, Mallorca cuenta en la actualidad con 70.000 plazas turísticas dadas de alta en el registro de viviendas turísticas. Sin embargo, reconoce que podría haber “entre 100.000 y 120.000 plazas fuera de la legalidad”. A estas casi 200.000 plazas se le unen las 305.000 de alojamientos como hoteles, agroturismos, apartamentos vacacionales y hostales, según el último cálculo de la Conselleria de Turisme. Las cifras son mareantes, pero si en agosto se llenan todas y cada una de las plazas, Mallorca albergaría 533.745 turistas. Sin olvidarse de las oleadas de cruceristas que llegan cada día a Palma. Además, Aena quiere poner 80 vuelos a la hora en Son Sant Joan. ¿Vamos camino del éxito turístico o ya vivimos en la saturación?

Los signos están en todas partes. Las pintadas contra el alquiler turístico se salpican por Palma. Los vecinos protestan por el súbito encarecimiento del alquiler, mientras que otros hablan de las bondades del reparto de la riqueza, ya que muchas familias recurren a esta actividad para redondear ingresos y, como dicen algunos, “pagar la universidad de los hijos”. Una nueva forma de alojamiento ha irrumpido con fuerza y ya el verano pasado se notaron los efectos del aumento del turismo. Playas masificadas, miradores con atascos, calles abarrotadas… De hecho este año ya se han cerrado los accesos a cala s’Almonia y es Caló des Moro a los vehículos que no sean de residentes del municipio de Santanyí. También están haciendo lo propio Cala Varques y Es Trenc-Ses Covetes, que cuentan con autobuses lanzadera. El año que viene se hará lo propio con enclaves como el mirador de Formentor o la cala de Valldemossa.

Mientras tanto, el sector del alquiler turístico se defiende de las acusaciones y espera la inminente llegada de la Ley de Alquiler Turístico, que deja claro que sean las comunidades de vecinos las que decidan si en su bloque se pueden alquilar o no las viviendas a los turistas; al mismo tiempo que todo aquel canal que ponga en contacto oferta y demanda, será considerado canal de comercialización turística. Serán los ayuntamientos y consells insulares los que deberán aplicar esta normativa. Joan Miralles, presidente de Aptur-Baleares (la Asociación de Apartamentos y Viviendas de Alquiler de Temporada de las islas) advierte que “hasta que la ley no esté aprobada, hay un debate sobre la mesa. Tiene que pasar por los ayuntamientos para su zonificación”. Ante las acusaciones de que es el alquiler turístico el que ha disparado los precios, reconoce abiertamente que “hay un debate sobre el acceso a la vivienda pero es un problema multifactorial, Hay una disfunción entre la oferta y la demanda. Los bancos dan menos créditos, a lo que se suma la inversión de los extranjeros, debido a la mayor rentabilidad. Todo eso hace que suba el precio de la vivienda. Otro factor: hay muchos pisos vacíos (aunque no es capaz de decir la cifra). Muchos temen impagos y posibles desperfectos. Esto hace que haya más demanda”. Miralles también se queja de que “los sueldos no acompañan a la subida del precio a la vivienda”, así que propone que se destine parte de los ingresos de la ecotada al alquiler social.

Miralles afirma que el perfil predominante es el que pequeño propietario de una sola vivienda. “Eso de que veinte propietarios acaparan el 20 por ciento de las viviendas es tendencioso. Son comercializadores. Se han dicho muchas medias verdades. Muchos extranjeros invierten aquí para hacer vacacionales. Si se prohibiera la vivienda vacacional, muchos propietarios terminarían vendiendo a los extranjeros”.

En cuanto a los beneficios que puede suponer tener un piso turístico, no aclara ninguna cifra: “No es lo mismo un piso sin reformar, sin gracia y en zona poco atractiva que una casa en Palma, reformada, con jardín y piscina. Hay muchos meses de pérdidas y hay que descontar impuestos, si ha habido alguna inversión, las contribuciones…”. Miralles defiende que esta actividad “democratiza el turismo. Muchos propietarios reciben el beneficio del alquiler”.

El otro bando está formado por la Federación de la Asociación de Vecinos, las agrupaciones ecologistas GOB y Terraferida, así como la Federación Hotelera de Mallorca. Terraferida lanzó un informe donde dejaba patente que Mallorca ha atraído “fondos de inversión y especladores de todo el mundo que sólo buscan rentabilidad”.

Mientras tanto, los problemas por conseguir una vivienda asequible se han recrudecido y los desahucios ya no son por impago de la hipoteca sino del alquiler. De hecho, la Oficina antidesahucios de Palma ha conseguido parar 654 desahucios, 322 de ellos relacionados con el alquiler. Eso sí, Palma ya la tercera ciudad más rentable para comprar un piso para alquilar, después de Barcelona y Madrid, más rentable para comprar un piso para alquilar con una rentabilidad bruta del 5,47%. Según el Informe sobre el Precio de la Vivienda en España presentado por Mitula Group, arrendar un piso o casa en las islas mediterráneas cuesta de media 1.160 euros, superando a las dos principales ciudades españolas, Barcelona (1.164 euros) y Madrid (1.021 euros). El alquiler ha subido un 15,9 por ciento, con un coste 11,7 euros por metro cuadrado, según Idealista.

Mallorca, pues, es un ejemplo de éxito turístico e inmobiliario. Aún está por ver si estamos ante una nueva burbuja.

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