Teresa Ramos
Teresa Ramos Díaz, Sexóloga y terapeuta de pareja

Recientemente vi por las redes un vídeo que decía exactamente así: “¿Necesitas clases de sexo oral?”. No era más que otro vídeo que circula por Facebook con el enganche de un tema sexual, como otras tantas noticias que aparecen: “10 maneras de saber si ha sido el peor polvo de su vida”, “la mejor manera de llegar al orgasmo”, “las 5 cosas que nunca fallan en la cama”, etc.

Cuando aparecen este tipo de titulares me recuerdan que estamos en una sociedad competitiva y con deseos de resultados inmediatos. Y los temas sexuales no están exentos. Idealizamos que los encuentros sexuales serán siempre perfectos desde la primera vez, tanto por nuestra parte como por parte de la otra persona. Es decir, dos cuerpos, dos caracteres, dos personas con sus propias experiencias, que desde el primer momento conectarán, sabrán lo que quieren desde el inicio, e incluso clamarán nuestros deseos.

No quiero decir que esto no ocurra en alguna ocasión, pero para que esto sea así, e incluso mucho mejor, lo que se necesita es comunicación hacia la otra persona, e incluso conocernos profundamente hacia nuestro interior, tanto el emocional como el sexual.

Tanto el hombre como la mujer tenemos infinidad de terminaciones nerviosas en todo nuestro cuerpo.

Cuando se nos invita a pensar que necesitamos clases de sexo oral nos recuerda nuestra cultura falocrática, como dice la Real Academia de la Lengua: Predominio del hombre sobre la mujer en la vida social; pero ya no solo como varón, sino porque tiene pene. Y de esta manera reduce muchísimo la posibilidad de que el hombre pueda disfrutar, gozar, desear y conectar con todo su cuerpo; porque al fin y al cabo les estamos limitando a que su máximo placer ha de estar en su pene, y sin salirse a muchos centímetros de los alrededores.

Tanto el hombre como la mujer tenemos infinidad de terminaciones nerviosas en todo nuestro cuerpo, no únicamente en los genitales (que también, pero no son exclusivos). Tenemos un cuerpo que nos sirve para dar y recibir, para disfrutar y dar disfrute, para amar y ser amado.

Es cierto, por diversas ideologías de las que no quiero extenderme, que a conocer nuestro cuerpo más sexual no nos suele enseñar nadie, y mucho menos a cómo dar placer sexual a la otra persona. Se nos cuenta en la adolescencia eso de “el instinto te lo dirá, tú lo verás…”, etc., que te hacen creer que el día de mañana te vendrá la inspiración divina y que serás capaz de llevar la situación perfectamente.

Después sabemos que aquella “inspiración divina” nunca llegó, o pasó de largo por nuestro lado, y al final hubo dificultades en aquellos coitos iniciales, e incluso se alargó más tiempo del deseado aquella temporada en la que las eyaculaciones eran demasiado cortas.

Para poder ir mejorando nuestras relaciones sexuales lo más adecuado no es mejorar en cómo tener sexo oral con nuestra pareja, sino cómo comunicarnos mejor para poder ser más felices con nuestra vida sexual.

Tenemos un cuerpo que nos sirve para dar y recibir, para disfrutar y dar disfrute, para amar y ser amado.

También nos puede pasar que no tengamos la habilidad de sabernos comunicar, al menos en el campo sexual. Para esos casos lo más recomendable es acudir a la consulta de un o una terapeuta sexual y/o de pareja. Además, otros beneficios que tiene una consulta sexológica es que puede informarles de los temas más íntimos y poder llegar a acuerdos de cómo llevar a cabo fantasías sexuales; o por el contrario, cómo combatir miedos o falsas creencias.

Este tipo de consultas, incluso de terapias humanistas que trabajan el psicoerotismo, pueden satisfacer la vida en pareja, que se conecte a través de la comunicación, aumentando la autoestima de ambos y pudiendo ser más felices.

En cambio, querer ser un experto en cunnilingus, o experta en la felatio nos limita a una parte muy básica del placer, casi de sumisión, que no nos resolverá otras dificultades dentro de la pareja y que nos puede llevar también al hastío.

El abanico de posibilidades en el sexo es infinita, se trata de vivenciarlo, y cada persona lo puede hacer hasta su predisposición y limitaciones. Intentar academizar o cualificar solo algunas prácticas sexuales es acotar demasiado todas las sensaciones que recibe cada cuerpo. ¡Disfruta conociéndote!

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