El tema del “amor verdadero” creo que ha sido el que más páginas ha llenado de la literatura contemporánea, por no hablar de las canciones donde se exagera y se mitifica todo aquello que debería significar un amor puro y real. Ya lo cantaba el grupo musical La Oreja de Van Gogh: “El amor verdadero es tan solo el primero, los demás solo son para olvidar”. De esta manera ponía énfasis en que solo hay un amor en tu vida, y en que los demás amores que vengan no tendrán tanta importancia o que no seremos capaces de amar con tanta intensidad. También la banda musical Maná cantaba “El verdadero amor perdona, no abandona, no se quiebra”, donde vuelve el mito en el que el amor todo lo puede y debe perdonar, aunque haya engaños o traición como sugiere la canción.

“El amor verdadero es tan solo el primero, los demás solo son para olvidar”

Las canciones o las películas, nuestra cultura, y nuestros prejuicios sobre el amor puede que no ayuden a saber si realmente estamos viviendo un amor romántico o uno verdadero. La diferencia es que uno está basado en la ilusión, en lo comúnmente establecido y normalmente efímero; y el otro, el amor verdadero, está basado en un amor realista y más sereno. A continuación mencionaré tres aspectos importantes que ha de aportar un amor verdadero, o lo que es lo mismo, una relación “sana”: tranquilidad, implicación y respeto.
Cuando hablo de tranquilidad no me refiero a monotonía o rutinas establecidas, me refiero a esa sensación de paz y armonía. Algunas parejas conviven con un sentimiento de intranquilidad constante que no saben cómo gestionar. Algunas mujeres que acuden a mi consulta comentan que en su relación de pareja heterosexual se sienten con miedo, desconocen con qué cara se van a encontrar a su compañero al llegar a casa; que se acuestan temprano para no tener que enfrentarse a su llegada, porque la incertidumbre y la ansiedad anticipatoria es lo que impera en el hogar a según qué horas. Ellos también pueden sentir estas sensaciones, sobre todo en situaciones donde se juntan con las familias de ambos. Hace unos meses, un hombre de 43 años me comentaba en consulta: “Cada vez que vamos a comer con mi familia lo llevo fatal, desde que se levanta el domingo hay malas caras. Cuando llegamos a casa de mis padres nunca sé por dónde van a salir sus contestaciones, me quedo cohibido y me hago pequeñito”.
El amor verdadero ha de ser un amor de convivencia, de contacto constante con el otro, tanto si se convive como si no.
Estas situaciones, o similares, hacen que se vaya convirtiendo en un amor dañado, triste y debilitado. El amor verdadero ha de ser un amor de convivencia, de contacto constante con el otro, tanto si se convive como si no. Y en esas situaciones es importante sentirnos que estamos libres en poder hablar de lo que nos ocurre, que los estados emocionales no perjudican a nuestro bienestar general, y que sentimos que llegar a casa es sentirnos al fin en un remanso de estabilidad y de descanso.
En esas situaciones de bienestar y de buen trato en pareja, es más fácil implicarnos en la relación. Esa sensación de implicación se nota cuando hay proyectos conjuntos, a corto y medio plazo cuando hace poco que ha empezado la relación; y también a largo plazo cuando la relación lleva más tiempo. Hay implicación cuando se facilitan además los proyectos individuales de cada miembro de la pareja, desde preparar estudios a profundizar en una afición. Tan importante es sentir que estamos implicados en pareja, como que nuestros proyectos individuales también son respetados.
El respeto también es posibilitar que cada miembro de la pareja pueda crecer personal y laboralmente.
Y es que el respeto no es solo mantener las normas de cortesía, y por supuesto fuera de insultos, ironías y frases hirientes. El respeto también es posibilitar que cada miembro de la pareja pueda crecer personal y laboralmente. Respeto es valorar los logros de la otra persona, reforzarlos y alabárselos. Respeto es escuchar los intereses de mi acompañante, y que se sienta que se le escucha. Respeto es hablar, comunicar, valorar lo que es positivo para ambos sin anteponer lo mío. Respeto también significa que la otra persona tiene amistades, incluso desde antes de iniciar nuestra relación, con quienes se desea mantener contacto. Y ante todo, el respeto se establece a través de unas líneas que hemos pactado y consensuado, y que sabemos de antemano, y que si se sobrepasan habremos perdido la confianza ante nuestra pareja.
Cuando comparto con mi acompañante en qué nos vamos a implicar (ahorro para un viaje deseado por ambos, ayudar al cuidado de personas dependientes de la familia política, obras en casa, celebrar un rito matrimonial…), hace que nos sintamos más respetados. Y cuando, además, los acuerdos se van cumpliendo, nos sentimos más respetados y ello lleva a convivir con más bienestar y tranquilidad.
Estos ingredientes, la tranquilidad, la implicación y el respeto, junto con el sentimiento de amor, nos darán la oportunidad de vivir un “amor verdadero” que nos hará sentirnos sencillamente felices ¡Disfrutadlo mucho!

Y tú, ¿Qué opinas?