Ignacio Zuloaga en el París de la Belle Époque

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Zuloaga en el París de la Belle Époque, 1889-1914 está compuesta por más de 90 obras de Zuloaga y de otros artistas como Pablo Picasso, Henri de Toulouse-Lautrec, Giovanni Boldini, Jacques-Émile Blanche, Auguste Rodin o Émile Bernard. También se muestran varias de las piezas de la colección que reunió el propio Zuloaga en la que destacan algunas atribuidas a autores como el Greco, Zurbarán o Goya.

Fundación MAPFRE ha presentado hoy, 26 de septiembre, en Madrid, la exposición Zuloaga en el París de la Belle Époque, 1889-1914, que podrá visitarse hasta el 7 de enero de 2018 en la Sala de Exposiciones Recoletos (Paseo de Recoletos, 23).
La muestra, comisariada por Leyre Bozal Chamorro y Pablo Jiménez Burillo, ofrece una nueva visión del pintor, cuya obra, que en gran parte se desarrolla en el París de cambio de siglo, se muestra en perfecta sintonía con el mundo moderno en el que se inscribe y excede los límites que la historiografía tradicional del arte ha establecido: una obra convencionalmente ligada a la generación del 98 y por lo tanto a la conocida como “España negra”.

Ignacio Zuloaga Retrato de Maurice Barrès, 1913

Zuloaga en el París de la Belle Époque se organiza en torno a varias secciones que ilustran los distintos aspectos de la aventura parisina del pintor: sus primeros años en la capital francesa, el contexto del París que le recibe; sus grandes amistades, como Émile Bernard y Auguste Rodin; el Zuloaga retratista; su faceta de coleccionista; y su regreso a las raíces españolas.

La primera sección se centra en la llegada del pintor a París, donde estudia en academias en las que que imparten lecciones dos de los artistas más influyentes de la ciudad, Henri Gervex y Eugène Carrière. Con ellos se inicia en la pintura au plein air y conoce a artistas como Maxime Dethomas, Jacques-Émile Blanche o Henri de Toulouse-Lautrec. De forma paralela, pasa temporadas en Sevilla y Alcalá de Guadaíra, donde realiza diversas composiciones de temática andaluza como Víspera de la corrida o Mujer de Alcalá de Guadaíra.

Ignacio Zuloaga Celestina, 1906

A partir de 1890, presenta sus obras en la galería Le Barc de Boutteville junto a los protagonistas del simbolismo como Paul Gauguin, Maurice Denis, Paul Sérusier o Émile Bernard. Influenciado por este ambiente, comienza a experimentar con la simplificación de las formas, aunque manteniendo siempre una paleta más sombría de lo habitual entre sus coetáneos.
Otras secciones muestran la amistad que el artista vasco comparte con el pintor Émile Bernard y con el escultor Aguste Rodin. A Bernard, le une la admiración por la tradición pictórica y por los maestros del pasado. Por su parte, la relación con Rodin nace de la profunda admiración que siente por la obra del escultor; ambos artistas intercambian obras y exponen de forma conjunta en diferentes ciudades europeas.
Zuloaga, al relacionarse con la élite social e intelectual de la capital francesa, también tiene un papel destacado como retratista de los protagonistas del París de la Belle Époque, como se observa en la sección El retrato moderno. En ésta destacan el retrato de la condesa de Noailles.
En la sección Una mirada a España se exponen piezas de la colección artística del propio pintor. Una colección que dedica especial atención a los pintores españoles que más admiraba: El Greco, Zurbarán o Goya.


La última sección, Vuelta a las raíces, destaca la relevancia que la experiencia parisina tiene en el regreso de Zuloaga a sus propias raíces. Ofreciéndonos una visión de nuestro país en la que se funden realismo y simbolismo, tradición y modernidad. En esta vuelta, el pintor se encuentra con algunos de sus compañeros, con los que comparte iconografía: bailarinas, celestinas o enanos ocupan también la mirada de Picasso o de Anglada Camarasa.
El Retrato de Maurice Barrés, con el que se cierra la exposición, resulta un excelente ejemplo, pues une los dos aspectos fundamentales de su producción artística, la francesa y la española, a la vez que rinde homenaje a la figura de El Greco, uno de los artistas más admirados en este momento.

Ignacio Zuloaga. Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, 1913

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