Como la comedia de William Shakespeare, escrita alrededor de 1595, considerada uno de los grandes clásicos de la literatura teatral mundial y que todo el mundo debería leer una vez en su vida, la experiencia gastronómica en el restaurante Zaranda en Mallorca lo consideraría con el mismo trato, hay que ir al menos una vez en la vida.

Una carretera serpenteante entre la Tramuntana en Mallorca entre dos pequeños pueblos con casas de piedra se sitúa una antigua finca de cultivo convertida en un imponente y tranquilo hotel, Castell son Claret. Dentro de ese hotel se encuentra el restaurante Zaranda el retiro idóneo para quienes buscan sosiego, relajación y una experiencia gastronómica y sensorial en la isla de Mallorca.

En la entrada nos esperaba Itziar Rodríguez quizá una de las directoras de sala más profesional y apasionada de su trabajo que conozco, junto a ella Alicia Polo una vez más excelente en sus convocatorias de lujo y glamour.

El menú Sueños engloba platos divertidos, curiosos y sorprendentes, elaborados a base de estudio e ingenio

Tras una visita a la cocina donde el chef madrileño afincado en la isla Fernando P. Arellano nos explico cual seria nuestro viaje culinario. El menú Sueños engloba platos divertidos, curiosos y sorprendentes, elaborados a base de estudio e ingenio y con un grado de sutileza y refinamiento que denota evolución.

Todos ellos están conectados entre sí (un país lleva al otro, un sabor al siguiente y hay incluso lugar a algún que otro déjà vu) y tienen como base un excelso producto de proximidad. Y es que la carta de Zaranda se basa en leitmotiv de Joan Miró “para ser universal hay que ser local”. Una filosofía que se refleja también en la sala donde destacan la vajilla y la cristalería de La Fiore (una empresa de la isla que ha creado una colección ad hoc para el restaurante), los cuadros del pintor mallorquín Ramón Canet y las esculturas de hierro de la artista mallorquina Águeda Gaya en las que se representan motivos del campo de la isla de la calma con referencias también a la zaranda, símbolo que da nombre al restaurante.

Como si fuera el museo del Prado o el Louvre recorrí cada uno de los platos que allí nos servían, con mirada curiosa y boca expectante

Como si fuera el museo del Prado o el Louvre recorrí cada uno de los platos que allí nos servían, con mirada curiosa y boca expectante. Cada entrada era un centellear de flashes y luces de móviles grabando, igual que se observa el Retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo,​ más conocido como La Gioconda.

Holoturia, huevo negro, Canelón de congrio, Alcachofa “lucullus”, Rib de Waygu … platos en los que se intentaba adivinar cual era el ingrediente que hacia que ese viaje fuera un sueño perfecto.

Y tú, ¿Qué opinas?