“No jodáis que venís a hacer la cola? Sois los primeros”, nos dice a mi pareja y a mí un incrédulo y solitario guardia de seguridad. “No”, le respondemos para su mayor tranquilidad. “Solo venimos a ver el recinto”. Son las doce de la noche del jueves 11 de mayo. Aún hay gente trabajando en las instalaciones del antiguo Aquapark de Calvià, en Magaluf, que acogerá la segunda edición del Mallorca Live Festival (MLF). Parecen hormigas al lado de los escenarios. Faltan horas.

 

Hace días que el festival ha invadido la ciudad con publicidad. Aparece en los comercios, en los autobuses y en sus paradas. Está en todas partes. Sólo faltaba que una avioneta sobrevolara las playas de la Isla desplegando el cartel.

Las 300 invitaciones para el concierto gratuito de Anni B Sweet, dos días antes del inicio del evento, se agotaron rápido. Daba igual que coincidiera con el partido de semifinales de la Champions League que enfrentaba al Atlético de Madrid y al Real Madrid. Los locales Lava Fizz introdujeron a la cantante malagueña, supervisada desde la mesa de mezclas por su pareja, Noni, cantante de Lori Meyers. Las iniciales del festival, MLF, hechas de madera e iluminadas con bombillas, fueron carne de selfies a lo largo de la tarde. La única barra del patio de la misericordia regalaba gin tónics y estuvo abarrotada.

Foto: © La Siesta Press | J. Fernández Ortega (Todos los Derechos Reservados)

El batería de los Libertines, Gary Powell, se puso a los platos como DJ del hotel Sol Wave House de Magaluf un día antes. Tuvo la difícil papeleta de sustituir a Belle & Sebastian DJ set. No contó precisamente con muchos espectadores. Apenas rondaban el medio centenar.

 “Cola para llegar, cola para aparcar, cola para la pulsera, cola para entrar, cola para los tickets, cola para pedir… no sé si veré algún concierto.

La primera jornada, maratoniana, estuvo marcada por las colas. Había colas para todo. Para entrar. Para acreditarse. Para recoger invitaciones. Para comprar tokens. Para cenar en la zona de food trucks. Uno de los músicos locales que actuó en el festival se quejó en su cuenta de Facebook: “Cola para llegar, cola para aparcar, cola para la pulsera, cola para entrar, cola para los tickets, cola para pedir… no sé si veré algún concierto”. La Policía Local cortó la calle de acceso y reguló el tráfico a la hora de aparcar. “Prohíbido el botellón. Multa de 200 euros”, rezaban algunos carteles. Fue en vano. Los asistentes bebían en sus coches antes de cruzar la entrada del festival.

Ice Crime, desde el Stage Mallorca Better in Winter, y The Prussians, en el escenario Sol House, abrieron el festival a primera hora de la tarde ante escasos espectadores. El trío madrileño Sexy Zebas y los oscuros mallorquines Escorpio agarraron el testigo. Estos últimos, formación capitaneada por Toni Cobretti, han dado un salto de calidad. Pero aún sigue rondando por la mente de algunos su proyecto primitivo, The Last Dandies. Morodo y La Mala Rodríguez fueron dos de los artistas que sedujeron a buena parte de la parroquia. El olor a marihuana en el concierto de Morodo llegaba hasta Inca.

 

“Yo solo voy por ver a La Mala”, decía horas antes una compañera de trabajo. María Rodríguez, La Mala, le devolvió a su adolescencia. A los años en los que vestía sudaderas de chico talla XL y zapatillas anchas de skate. La rapera calentó el escenario a Placebo, el grupo de la noche. Había que superar a otros artistas para llegar hasta él. Como si fuera el videojuego de Street Fighter, que al final te enfrentas al todopoderoso M.Bison.

La banda pivotada por el andrógino Brian Molko, ojos pintados con raya negra, llevaba dos intentos frustrados de tocar en Mallorca. Por fin lo consiguió. Fue en la gira de sus 20 años en la carretera. Aunque se dejó temas en la chistera que sus más fieles no olvidaron: Meds o Every you every me. Había quienes apuraban los minutos previos al concierto engulliendo una pizza de rúcula con jamón que tenía el aspecto de un trozo de musgo arrancado del belén. Después de Placebo vino Amaral. Eva, su cantante, salió al escenario embutida en un vestido negro ceñido y sin sujetador. Descargó todos sus éxitos, sonó impecable.

 

El segundo día arrancó flojo. Poco público en Club del Río. Zulu Zulu, camuflados bajo máscaras de animales y su música exótica, atrajeron a decenas de seguidores. Maga, con Salto horizontal y temas de sus comienzos, puso el acento del sur que Lori Meyers remató por la escuadra. El grupo de Noni irrumpió tras un muro de leds. Desplegó su artillería y cautivó al graderío, que alzaba sus cervezas al aire a modo de celebración. Era una fiesta. Raquel, en primera línea de guerra, bailaba eufórica las grandes canciones de los granadinos: Luces de neón, Emborracharme o Mi realidad.

 

Menos suerte corrieron The Charlatans, que vieron como el público amainaba como una estampida de ñus. Los mancunianos, leyendas en su tierra, parecían unos incomprendidos ante esa falta de apoyo. Y dudo que fuera porque actuaban en plena gala de Eurovisión, con Manel Navarro y su gallo. La psicodelia de su sonido Mánchester no mereció esa tibia respuesta. Juegan en la liga de The Stone Roses, James, Happy Mondays o Inspiral Carpets y el público no lo supo valorar. El concierto en su país se hubiera convertido en una pista de baile. A la hora de la despedida llegó la polémica de los vasos reutilizables. El primer día costaban un token y el segundo, medio. Hubo mucha gente molesta por el cambio de precio que nunca se llegó a solucionar.

La segunda edición del festival congregó a 17.000 personas durante las dos jornadas

La segunda edición del festival congregó a 17.000 personas durante las dos jornadas, según información oficial. Una asistencia récord. Una muestra de fidelidad. Gente que un sábado cualquiera estaría en la discoteca Club de Mar acudió al festival. Es meritorio. Un grupo como Taburete podría haber encajado en el cartel… y no hubiese pasado nada. El desaparecido Solar Fest pecó, precisamente, de centrarse en un único tipo de música. Algo exquisito, quizás. El caviar no es apto para todos los bolsillos. Ni para todos los públicos. El MLF, tras su segunda edición, se clasificó para competir en la primera división de los festivales nacionales de cara a la próxima temporada. Sobre todo si vuelve a armar un cartel como el de su segundo asalto.

El Mallorca Live Festival satisfizo a todos los paladares. Se consagró nutriéndose de producto local, nacional e internacional. El MLF no discrimina a nadie por cuestión de gustos. Abarcó todo tipo de estilos. Si fuera un zumo sería un multifrutas.

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