Teresa Ramos
Teresa Ramos Díaz, Sexóloga y terapeuta de pareja

Las parejas no están todas construidas de la misma manera, ni todas las parejas son heterosexuales, ni todas son homosexuales. En el amplio abanico de posibilidades a nivel de prácticas y de orientaciones sexuales, nos encontramos con que la heterosexualidad (deseo por personas de género opuesto) y la homosexualidad (deseo por personas del mismo género) no está en todas las personas al 100%. La orientación del deseo es un continuo que puede ir variando hasta los 90 grados llegando a la bisexualidad; o dar un cambio absoluto de 180 grados y pasar de la heterosexualidad a la homosexualidad, o viceversa, de la homosexualidad a la heterosexualidad.

Con esta cantidad de posibilidades nos podemos encontrar con muchas parejas que manifiesten que su compañero o compañera se etiquete como “bisexual”. Pongamos el caso de una pareja heterosexual, es decir formada por dos personas, una que se identifica como hombre y otra como mujer. Puede ocurrir que alguna de estas personas se identifique con un deseo no solo hacia las personas del género opuesto, sino que también se identifique con personas de su mismo género.

Para que esta persona se etiquete como “bisexual” no es necesario que esa haya vivido experiencias sexuales, pero son personas que identifican que sienten la atracción tanto hacia hombres como por mujeres.

Muchas personas al enterarse de que su pareja es bisexual, suelen tener prejuicios hacia la bisexualidad

Muchas personas al enterarse de que su pareja es bisexual, ya sea al inicio de la relación o más adelante, suelen tener prejuicios hacia la bisexualidad. Incluso me atrevería a decir que existen más prejuicios hacia la bisexualidad que hacia la homosexualidad.

La homosexualidad hoy día, a pesar de todo el camino que hay que recorrer contra la homofobia, está siendo comprendida y cada vez se utilizan términos y formas de hablar que respetan más. En cambio, la bisexualidad se sigue entendiendo como “vicio” porque no entra en ninguna bipolaridad. Esta necesidad de extrapolar la orientación sexual hace que el desconocimiento o la perplejidad sexual carguen un estigma hacia las personas bisexuales construyendo la “bifobia” (odio o aversión hacia personas bisexuales).

Las personas que inicialmente se autodenominaron homosexuales y tuvieron que hacer frente a la sociedad con lo que habitualmente se llama “salir del armario”, es decir, dar a conocer a las personas de alrededor su orientación sexual hacia personas del mismo sexo; con el tiempo, si se dan cuenta de que sienten deseo hacia los dos sexos, se ven sometidas a una “segunda salida del armario” que incluso puede ser más incómoda y sentir más rechazo que al decir que se sentían homosexuales. Tanto es así, que hay muchas personas bisexuales que cuando se sienten atraídas por personas del mismo sexo le dicen que son gays o lesbianas; y cuando se sienten atraídas por personas del sexo opuesto dicen que son heterosexuales.

No siempre tenemos claro lo que sentimos, ni sentimos igual hacia las personas, sean hombres o mujeres, ya que lo que sentimos es totalmente diferente para cada una de las personas. La atracción, las expectativas, el momento vital, los planes de futuro, etc., hacen que nuestra atracción hacia una persona se vaya convirtiendo en pasión y amor.

Algunas personas en su relación heterosexual pueden tener deseo de mantener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Algunas personas en su relación heterosexual pueden tener deseo de mantener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. Eso no significaría que ya no sienta atracción hacia la pareja actual, sino que tiene una fantasía o interés por realizar una acción diferente de lo que ha mantenido hasta ahora. Para este deseo de probar desde la heterosexualidad hacia conductas homosexuales se le denomina “heteroflexibilidad” o “bicuriosidad”.

No se trata de pensar que si nuestra pareja hasta ahora heterosexual quiere estar ahora con personas del sexo opuesto le hayamos dejado de atraer, sino que ahora su orientación del deseo ha cambiado. 

Lo que nos quedaría por analizar en este tipo de pareja es hasta dónde estaríamos en disposición de ofrecer a partir de esta nueva situación: ¿permitiríamos que de vez en cuando tuviera relaciones con otras personas?, ¿lo permitiríamos siempre y cuando estuviéramos también presentes como el caso de formar tríos?, ¿nos parecería adecuada su nueva orientación sexual siempre y cuando no tuviera encuentros reales con otras personas?, ¿podríamos aprovechar ambos esta nueva situación para a partir de ahora tener nuevas experiencias?… 

Como pueden observar, en relaciones de pareja no hay nada cerrado ni nada abierto, lo importante es estar cómodo o cómoda en cada nueva situación que nos brinda la sexualidad en pareja.

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