Alvaro Maldonado
©Álvaro Maldonado/Sociedad Geográfica de las Indias

Nepal es un país que, cuando lo visitas, deja la sensación de querer volver otra vez.  Territorialmente diminuto entre dos gigantes (China e India), marca el tercer polo geográfico tocando el cielo con el monte Everest como máximo exponente de grandeza vertical y frontera natural.

El halo romántico que desprende el Himalaya y la vibrante capital de Katmandú hace de él una mezcla paradógica entre el caótico existir y el eterno silencio de su cordillera:  dos extremos equidistantes, esa lucha entre dominar la naturaleza o sobrevivir entre un mar de intereses de dos potencias, crisis permanentes provocadas por injerencia ajena, desastres naturales de lucha entre placas tectónicas y un sinfín de rasgos culturales heredados del pasado e identidades marcadamente definidas esbozan un complejo panorama de un país que pugna estoicamente por su irremediable destino.

Plaza Durbar de Patán, Khatmandú

     Netamente dependiente del agua y la agricultura en una excipiente economía de mercado, su sino de integridad y soberanía se disputa por recursos hídricos que generan sus montañas en deshielo y la época lluviosa como ciclo natural, base del suculento conflicto profundo de rentabilidad que enmaraña la región.

     Cuando Nepal promulgó su recién Constitución (2015) con la aprobación del noventa por ciento de su Asamblea Constituyente a penas se notó la intención de India por detonar una crisis humanitaria a través de un bloqueo amparada bajo su propio provecho a la sombra de la comunidad internacional, cuestionando la propia soberanía nepalí presentando un listado de enmiendas a la Asamblea como medida de presión para empeorar la relación por su intromisión en interferir en las políticas internas de su país vecino.

el gobierno indio restauró una estrategia de la era de la Guerra Fría montando un bloqueo económico cerrando rutas de tránsito comercial

     Nepal, rechazó contundentemente  la propuesta de rectificación constitucional que requería la India, que se jacta de ser la mayor democracia del mundo y, como respuesta, el gobierno indio restauró una estrategia de la era de la Guerra Fría montando un bloqueo económico cerrando rutas de tránsito comercial y fronterizo en la región de Tarai donde se ve amenazada por los derechos de ciudadanía de la zona en la nueva Carta Magna y la demarcación propuesta de estados federales nepalí.

     Un terremoto (abril, 2015) indudablemente es una enorme tragedia con todo lo que produce y, si además, genera devastación y más pobreza en sitios con estructuras débiles, las perspectivas de mejora son difíciles de superar.  Y, si añadimos, un cruento embargo de gasolina, gas y cierre de frontera para abastecimiento de alimentos y humanitario como medida política con excusa de beligerancia étnica del país vecino en su voracidad expansionista y codicia puramente económica y medida de presión que maniata cualquier voluntad humana, asimila lo que en el peor de los escenarios de guerra se da cuando disparan a la gente en su afán de huída a la supervivencia.  No obstante, la razón detrás de esta acción es el control de los recursos hídricos de Nepal.

     Para entender la relación entre la política de agua y la demarcación de los estados federales en el Tarai (región sur), se tiene que tener en cuenta los tres grandes ríos de Nepal: Koshi, Karnali y Naranyani (Gandaki)  que desembocan en la cuenca de Ganges por el estado de Bihar (India) con enorme caudales de metros cúbicos por segundo igualando o superando el flujo que tiene el Nilo en Egipto.

     Ganando control sobre estos 3 afluentes significa un suministro ininterrumpido de líquido irrigable hacia Bihar y Uttar Pradesh en la estación seca y el control de su flujo en la época de lluvia para proteger estos estados hindúes de inundaciones.  Además, tienen la capacidad de producir más de 25,000 megavatios de energía de la cual necesita de este recurso natural India para su crecimiento y desarrollo económico.

   Idílicamente, India ha pretendido que el estado de Tarai sea un estado único de los seis estados federales en la demarcación nepalí por los que fluyen los ríos y, con la finalidad de mantener con ello su integridad nacional y la distribución equitativa de este recurso, Nepal con su estructura federal echa a tierra las intenciones de su vecino con la reforma constitucional.

     El disimulo de la comunidad global y los defensores de derechos es una hipocresía organizada en la interferencia neta en Nepal actuando como meros espectadores, donde se cuestiona si el poder del mercado de India es la razón primordial de este silencio.  Sí, lo es, para ser honestos.

Nadie quiere antagonizar un mercado gigantesco de una creciente economía y población

     Nadie quiere antagonizar un mercado gigantesco de una creciente economía y población frente a las preocupaciones de un pequeño país devastado recientemente por un terremoto y con una insulsa riqueza.  Es necesario que Nepal insistentemente se recupere del impacto del conflicto y la reconstrucción y se encamine hacia un esperado desarrollo en su nueva andadura.

Gurkha vigilando el Mohan Chowk, Plaza Durbar, Katmandú

     Fuera de toda realidad catastrófica, Nepal tiene la grandeza de su gente, esa humildad de sobrellevar la carga con dignidad, coraje en sus enseres como los “sherpas” escalando imposibles y, ese orgullo inquiebrantable de ser nepalíes ante todo.  Además de ese todo, Nepal también es el gran templo de Swayanbhunath que tanto veneran, la núbila diosa viviente de Patán, la plaza Durbar, las piras funerarias del crematorio de Pashupatinath y morada sagrada, puentes colgantes por doquier,  rinocerontes del Parque Nacional de Chitwan, velas de mantequilla de yak de Changú Narayan, un abuelo bebiendo té en Bhaktapur al atardecer, la ruta de trekking hacia el campo base del Annapurna, beber “Raksi”, orujo rural en Bhadara celebrando el Diwali,  babas o sadhús deambulando en los templos budistas, niños refugiados jugando cricket con la tabla de un pupitre pequeño en Camp Hope de ayuda humanitaria, la impresionante cordillera del Himalaya desde lo alto de un avión, peregrinar a Lumbini, cuna de Siddhartha Gautama Buda, apreciar a Avalokitéshvara deidad de los diez brazos en el artesonado del Templo Dorado, la cosecha de arroz en los desfiladeros de Dhampus, la escuela primaria reconstruidas con chapa de lámina y suelo de tierra del terremoto en Nagarkot, pernoctar a las puertas del Everest en Namche Bazaar para aclimatar el cuerpo a la altitud, los ojos de Buda por doquier y, mucho, muchísimo más… Nepal, hay que volver!

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