He querido empezar este artículo con una de las frases más famosas del poeta chileno Pablo Neruda de su libro 20 poemas de amor y una canción desesperada. Este Poema XX, melancólico y entristecedor, sigue llegándonos al corazón, porque el amor, a día de hoy, todavía no ha pasado de moda.

Muchas veces me he imaginado la escena de este poema como si el protagonista fuera un hombre que estuviera con un amigo, un hermano o incluso un padre, en una mesa de roble contándole cabizbajo lo que le ocurre mientras sostiene una copa entre las manos. Y haciendo una versión coloquial de la situación, visualizo cómo le cuenta a su partenaire lo que le está ocurriendo: “Tío, es que ya no la quiero, ya no me gusta. Pero no sé, otros días, como que sí, como que sí que la quiero. Y llevo así ya tiempo. Pasan los días y no estamos bien, y me dan ganas de dejarlo todo, a pesar de lo que hemos vivido… Pero es que ya no es lo de antes, ya no hay ganas de nada. Yo creo que estoy así porque ya no la quiero, o sí la quiero, o no sé… Estoy hecho un lío”. A lo que su confesor le contestaría resumiendo la situación: “Ya, pero si no lo sabes tú…”. Y mi protagonista se ahogaría mirando el hielo en la copa.

Y tan contemporánea es esta conversación como el poema, porque son muchas las personas que pasan por esta situación, donde un día, no se sabe definir muy bien por qué, se tiene la sensación de que hemos dejado de amar a nuestra pareja.

El enamoramiento surge a través de la seducción de dos personas que se atraen. En esta etapa se conocen, se encuentran, se gustan, y suele aparecer una gran explosión sexual.

Antes de continuar, habría que hacer una aclaración sobre lo que es el enamoramiento versus lo que es el amor. El enamoramiento surge a través de la seducción de dos personas que se atraen. En esta etapa se conocen, se encuentran, se gustan, y suele aparecer una gran explosión sexual. En esas semanas, incluso meses, es cuando más tiempo solemos ocuparnos con la otra persona. Quedamos para salir de manera íntima, organizamos actividades conjuntas, pasamos muchas horas dándonos muchas señales de afecto y sobre todo con bastantes encuentros sexuales.

En la etapa del enamoramiento se tiende a dejar a un lado a las amistades, los compromisos familiares; incluso puede haber un declive en nuestro rendimiento laboral. ¡No podemos cundir mucho en el trabajo durmiendo solo un par de horas cada día, durante largas semanas!

En muchas ocasiones ponemos en cuestión si decir “te quiero” significa que ya amamos a esa persona. El “te quiero” puede significar muchas cosas, pero sobre todo podría significar: estoy bien a tu lado, comparto muchas cosas contigo, eres la única persona afectiva con quien estoy, me gustaría tener un compromiso contigo…

Afortunadamente, la etapa de enamoramiento tiene fecha de caducidad, y si con el tiempo vemos que hemos congeniado con esa persona va apareciendo el amor. Al ir disolviéndose esa etapa efusiva, también volvemos a nuestros quehaceres y retomamos lo que tal vez hemos dejado un poco abandonado estos meses. Empezamos a quedar con las amistades, nos vuelven a ver más por casa de familiares los domingos, y volvemos a marcarnos unos objetivos laborales o retomamos nuestros proyectos.

Todo empieza a rodar de manera más apaciguada y se le añade que hemos ampliado nuestro círculo: ahora tenemos pareja. Y además la vamos construyendo y va siendo una relación duradera porque sentimos que se nos valora tal como somos. La sensación puede que ya no sea tan efusiva, pero es más amplia y plácida.

Y a pesar de estar en una situación dulce, también vendrán momentos no tan dichosos. Así como antes sobrellevábamos nuestras dificultades, ahora también colaboramos en los momentos desagradables de la otra persona (en eso también consiste el amor, en compartir y acompañar).

El “te quiero” puede significar muchas cosas, pero sobre todo podría significar: estoy bien a tu lado, comparto muchas cosas contigo

A medida que pasa el tiempo vamos conociendo a nuestra pareja tal como es y nos mostramos tal como somos, con sus virtudes y con nuestros defectos; con la tranquilidad del hogar y el desasosiego familiar; con el bienestar y las rutinas; con el amor y el cansancio; con las tareas cotidianas y con la distancia; con el “te quiero”, y yo tampoco…

En esas circunstancias en las que vivimos esa dualidad de no saber si queremos o no a esa persona, sería aconsejable que volviéramos a desenmarañar lo que hemos ido destruyendo. Volvamos al “te quiero, y yo también”, acerquémonos en la cama, al beso de la mañana y al llegar a casa; hacer cosas que nos motiven a los dos o que nos hacían estar bien al inicio de la relación; intentemos que las dificultades sean menos si nos apoyamos o si las solucionamos lo antes posible para que no nos pesen durante tanto tiempo…

¿Y qué hacemos con nuestros defectos? Podemos reflexionar para qué nos sirven e intentemos buscar otras actitudes que nos beneficien.

Puede ser que en este transcurso de cambios no nos salgan las cosas de manera tan fácil como estamos ahora mismo leyendo, o puede que en algún momento necesitemos acudir a profesionales para asistir a terapia individual o de pareja. Pero mientras llega esa decisión, y antes de tirar la toalla, debemos tener en cuenta que normalmente nuestra pareja no es el enemigo (salvo en circunstancias puntuales en las que puede ser que nos beneficie alejarnos o separarnos de esa relación).

Cuando dejemos de ver a nuestra pareja como a un ser malvado y terrible podemos empezar a sentir a nuestra pareja con amor, e incluso en algunos momentos fugaces hasta con enamoramiento. Para ello necesitamos que nos miremos por dentro con afecto. Solo mirándonos y condescendiéndonos por nuestro propio corazón, con amor y cariño, lograremos mirar a la otra persona de otra manera más amorosa. Y entonces, por fin, seremos felices y comeremos ¡lo que nos plazca!

Y tú, ¿qué opinas?