Las temperaturas se suavizan, las noches son más frescas y las horas de luz se reducen. Con el fin del verano y el inicio del otoño llega el archiconocido entretiempo. Un periodo de adaptación no sólo climático, sino también personal, y es que afecta de forma directa al cuerpo y la mente, para prepararla a las frías temperaturas y los efectos del otoño y el invierno. Es el momento de ver sandalias y jerséis a la vez.

Hidratación a tope

Uno de los efectos más directos de la llegada del frío es la sequedad en la piel: las mañanas húmedas en contraposición con el calor de los días, pueden propiciar la aparición de rojeces, sequedad e irritaciones en la piel. Para ello, es importante mantenerla hidratada por fuera y por dentro. Por fuera, conviene emplear cremas hidratantes con un alto contenido en aceites, así como seguir aplicando el protector solar en el rostro.

Desde dentro, una alimentación rica en ácidos grasos omega-3 y baja en sales, fomentarán la hidratación de la piel, su elasticidad, previniendo el envejecimiento celular prematuro. Salmón, lácteos sin lactosa, nueces y aguacates se hacen imprescindibles en el menú para una piel perfecta de entretiempo.

Adaptarse a menos horas de luz

Despertarse a oscuras es una de las consecuencias del entretiempo. Sin el cambio de hora aplicado todavía, las horas de luz van disminuyendo conforme nos acercamos a las estaciones más frías. Una de las consecuencias más directas es la descompensación de horas de sueño que conllevan falta de energía. ¿La solución? Aunque conlleve un esfuerzo mayor, es importante cambiar la rutina de sueño y comenzar a acostarse antes, de esta forma pese a que la oscuridad siga al comienzo del día, tu cuerpo estará totalmente repuesto.

Además, hacer ejercicio de forma continua pero más suave, preparará el cuerpo para un buen descanso.

Comer para inmunizarse

Los cambios de temperaturas que se experimentan durante el entretiempo pueden debilitar el cuerpo y los resfriados son más comunes. Una de las mejores armas contra caer enfermo es un sistema inmunológico fuerte. Para conseguirlo, es importante seleccionar alimentos que contengan un alto contenido en Vitamina C, la cual tiene un papel importante a la hora de reforzar el sistema inmunológico. Los boniatos, los pimientos rojos y los cítricos son un gran aliado a la hora de combatir enfermedades. Además, los ajos se convierten en el aliado perfecto anti-gripes, gracias a la alicina, un componente activo con un gran poder antibacteriano y antiinflamatorio.

Luchar contra resfriados

Si finalmente la enfermedad ha llegado sin avisar, es el momento de cuidarse y seleccionar alimentos fáciles de tomar y sobre todo, reconfortantes. Sopas y cremas son perfectas cuando la garganta está irritada; el clásico remedio de abuela de un vaso de leche sin lactosa con miel es perfecto gracias a que la leche permite hidratar en profundidad e incorporar vitaminas esenciales, y la miel, además de endulzar, tiene un gran poder antiinflamatorio con lo que alivia los molestos dolores. Por último, los yogures mantienen la flora intestinal a raya contra el daño de los antibióticos.

Y tú, ¿Qué opinas?