Si estamos viviendo en una relación de pareja en la que todavía no nos hemos comprometido, seguramente en alguna ocasión alguien nos habrá dejado caer la terrorífica frase «y el anillo, ¿para cuándo?».

Y es que “el anillo de compromiso” no es solo un objeto de metal que se regalan las parejas, como otros abalorios como pendientes, piercings, o collares. Es el símbolo de la unión y la lealtad, propio de una tradición monógama. (Sobre esta tradición ya me extenderé en otro artículo).

En una relación de pareja madura, al cabo de unos cuatro meses ya podemos ir valorando si esa relación puede ser validada como adecuada o no, y por tanto comprometernos, al menos, de momento. Es un tiempo prudencial para saber si nuestra pareja ha tenido espacio para la intimidad, si hemos resuelto bien los conflictos que se nos han planteado, si hemos hablado de proyectos que nos interesan por ambas partes, si hay obstáculos familiares infranqueables, etc. Si de momento todo ha progresado, ¡adelante, cualquiera de las dos partes puede dar el siguiente paso!

En una relación de pareja madura, al cabo de unos cuatro meses ya podemos ir valorando si esa relación puede ser validada como adecuada o no

Hay parejas que empiezan una relación sentimental sin tener resueltas las situaciones legales de las relaciones anteriores (divorcios, separaciones, etc.). Para comprometernos en pareja no es necesario que esto esté resuelto al 100% (no estamos hablando de matrimonio). Lo más importante en una relación es poder iniciar un rito en el que ambas personas se sientan comprometidas y noten que se sienten vinculadas en un proyecto sentimental común a corto plazo; que además tienen un día propio de celebración; y si se quiere, con un símbolo de unión, como el anillo, un colgante o una pulsera.

Si optamos por la entrega tradicional de un anillo (u otra fórmula más original), con el que le queremos expresar a nuestra pareja nuestro amor y nuestra intención de proyecto en común, habrá que tener en cuenta un par de cuestiones.

Para empezar, tendremos que asegurarnos, de una manera u otra, de que la persona tiene también intención de compromiso y lealtad. Para ello, si es una pareja que acaba de iniciarse, lo mejor es ir sacando el tema de vez en cuando, para ir tanteando la situación, ya que si no podríamos tener una gran decepción, así que las sorpresas mejor dejarlas para los huevos de chocolate.

No es aconsejable querer formalizar nuestra relación en mitad de una discusión, o después de “una tormenta”, o cuando se está enfriando la relación

Otro aspecto, importante, es que haya en la pareja un ambiente adecuado. No es aconsejable querer formalizar nuestra relación en mitad de una discusión, o después de “una tormenta”, o cuando se está enfriando la relación, ya que estos sistemas “a la desesperada” no suelen funcionar y además quedan en muy mal recuerdo.

Para que haya un buen recuerdo de esta fecha, lo mejor es preparar un encuentro, pensando en lo que le pueda agradar a la persona por la que sentimos amor, y por tanto, por la que creemos que se merece algo especial. Así que lo mejor es pensar en algo que le pueda agradar a él o ella, es decir, no lo que me gustaría que me hicieran a mí. Para eso puedes ir también a pedir ayuda a sus amistades más antiguas, o su círculo más íntimo, seguro que podrán aportarte muchas ideas amorosas.

Y bajo ningún concepto, por mucho que te gustara que te lo hicieran en su día, o te funcionara en su momento, repitas un lugar donde estuviste con otra pareja sentimental. Ahora tu vida es otra, tus recuerdos son diferentes, y vuestra vida es más bonita con una paleta de colores nueva.

Os deseo mucha felicidad, y después de esto, ¿la boda para cuándo?

 

Y tú, ¿Qué opinas?