Nos guste o no nos guste, la Navidad ya está aquí. Algunas personas están deseando que lleguen estos días: hacer y recibir regalos, las tertulias, los reencuentros… Otras personas, en cambio, desearían poder hibernar hasta la segunda quincena de enero, sobre todo para aquellas que están pasando por un duelo, porque a lo largo de estos meses han vivenciado aquello de “cariño, tenemos que hablar…” y el resultado fue “no eres tú, soy yo, lo nuestro terminó”.

Las fases del duelo son diversas, y el tiempo de sanación será diferente para cada persona. Incluso pasarán por ello aquellas parejas que decidieron dar el paso de cortar la relación aunque, generalmente, la intensidad y la duración serán mucho más bajas que para quienes han vivido la experiencia, sabido o no sabido con antelación, que esa relación ya no seguiría hacia delante.

Tomo consciencia de que los 365 días del año dan para mucho, y tal vez a esa primera cena de Nochebuena ya hemos organizado nuestra vida de otra manera, e iremos en compañía de otra pareja que no era la habitual. Aun así, con nueva pareja o no, me voy a centrar en este artículo en esa cena en la que la invitación llega para “Mi duelo y yo”.

Como solemos decir las terapeutas de pareja, no hay una receta mágica que se ajuste a todos los gustos, pero con la experiencia de haber dialogado con muchas parejas, y exparejas, puedo aventurar algunas ideas que se pueden ajustar para estas ocasiones.

Hay personas a quienes les gustaría “desaparecer” con un chasquido en los dedos.

Al inicio de estas líneas comentaba que hay personas a quienes les gustaría “desaparecer” con un chasquido en los dedos, y esa forma la buscan en forma de viajes (los más lejanos posibles) u organizando actividades totalmente deshabituadas. Adelante si es realmente su deseo porque hasta ahora no lo pudo hacer, por ejemplo porque no tuvo ocasión por los acuerdos maritales; aunque hay que recordar que allá donde vaya, el duelo le acompañará. Tal vez sienta que así no sufrirá tanto porque no recordará los mismos sitios de antaño, aun así, puede que no le alivie. Y si por el contrario, le alivia, qué haremos el próximo año, ¿volveremos a “huir”?

Sea de viaje, sea en la casa familiar, lo más importante es no pasar estos días en soledad. Podemos decidir qué tipo de fiestas queremos tener (aunque esto es recomendable para cualquier situación, se esté en duelo o no). Sea como sea, intente tener cerca a alguien con quien hablar, que sea su apoyo. No se trata de pasar estos días en modo “victimitis”,se trata de encontrar a alguien de confianza que nos pueda arropar, abrazar, y animar en la intimidad a lo largo de la velada o de los días que lo necesitemos.

En algunas ocasiones, la que fue durante algún tiempo nuestra familia política, suele invitarnos a algunas de las celebraciones.

En algunas ocasiones, la que fue durante algún tiempo nuestra familia política, suele invitarnos a algunas de las celebraciones. En los casos de ruptura, ya no queda la responsabilidad que anteriormente sí se podría tener con la madre o padre de nuestro o nuestra excónyuge. Puede ocurrir que por su parte (o por la nuestra) haya una negación de la ruptura, bien porque crean que es lo mejor si hay niños o niñas pequeños, o bien por el cariño y afecto que se hayan podido generar en este tiempo. Cada quien lo vivirá a su manera y sus necesidades, pero tal vez es el momento de “cuidarse” y cordialmente declinar la invitación. Y cada quien también puede proponer hacer esa visita en otra ocasión no tan señalada como suele ser en nuestra cultura la Nochebuena, Navidad o Nochevieja.

El cuidado emocional es muy importante, en todas las épocas, especialmente en esta. Dormir lo necesario, evitar las comidas copiosas, el consumo de alcohol moderado y largos paseos al aire libre, también serán maneras de cuidarnos y nos sentiremos mejor.

Las amistades, o familiares que acompañemos a alguien durante estos días también podemos colaborar de manera positiva. En algunas ocasiones, no ayudan mucho los encuentros donde ni se pronuncia el nombre del “ex” o la “ex”, como si de un fantasma se tratara; o se menciona durante todo el evento con críticas del tipo “¡de lo que te has librado!, ¡lo que te has quitado de encima!, ¿todavía tienes eso metido en la cabeza?, si tú te mereces algo mejor”… Al contrario, no se hace ningún favor a la persona que está viviendo este duelo de separación obviar lo que se ha pasado, y por lo que está pasando. Como tampoco ayuda el desvalorar a la otra persona, ya que al fin y al cabo, se eligió en libertad y podemos avergonzar al rememorar situaciones desagradables.

En estas ocasiones y aprovechando que la Navidad coincide con el solsticio de invierno o la Nochevieja que cierra y abre un año nuevo, puede ayudar para todas las personas que estemos compartiendo la misma mesa el que hagamos una especie de plegaria, ofrenda o conjuro (como se le quiera denominar). En este ritual podemos mencionar lo que se ha quedado atrás, lo que hemos aprendido durante este proceso; y aquellos nuevos objetivos y experiencias que queramos lograr a partir de ahora. De esta manera facilitaremos a la persona que pasa por el duelo a compartir el estado de su pena; y para el resto, también puede ser un espacio para abrirnos emocionalmente.

Todo pasará, y estas primeras fiestas sin su “ex” también. ¡Felices y nuevas fiestas!

Y tú, ¿Qué opinas?